martes, 4 de junio de 2019

Miedo, ansiedad y futuro


Miedo. Ansiedad. Dolor en el pecho. Ausencia de aliento. Tristeza... todo por un mal día en el trabajo y por la incertidumbre del futuro, que subyace a todo lo demás. Soy débil, flojo, inane. Pinta negro, pinta muy mal. He conseguido algo, pero me será difícil mantenerme en pie cuando la ola llegue y lo arrase todo. Más que ola, huracán. Cuanto más necesito que mi familia sea un equipo, más se despedaza. O, quizás, empecé a preocuparme por el equipo cuando este se comenzó a separar...
  Miedo. Tristeza... son las dos emociones que más y mejor me definen. ¿He destronado hasta a mi sueño por mi temor al futuro? Quizás es lo único que no debería hacer. Pero... la opción inteligente es tener futuro para cumplir el sueño, ¿no? Pero... ¿cuándo? ¿Y si es lo que les pasa a todos? ¿Y si la gente, sencillamente, se olvida de lo que quería ser de niña? ¿Y si se rinden, solo para poder vivir hasta morir?
  Miedo. Ansiedad. Tristeza... el mundo adulto nos aplasta. ¿Quedarán ideales infantiles cuando se rompan todas las lanzas, cuando no quede nada de mí, cuando sea huesos entre las llamas, polvo en mitad de un viento cálido y huracanado?
  No debo ser cobarde, no ahora. Solo hay un futuro; solo hay un paso, y es el siguiente al anterior; solo hay un camino, el que transita hacia delante. Solo hay... solo queda... vida. Aunque pese admitirlo.

Solo existe una verdad. Solo hay un dogma. 
  Si paras, mueres.




jueves, 1 de noviembre de 2018

Escalón


-Decenas. Cientos de noches deseando estar juntos, sin necesidad de estar realmente, viendo una película o tirados en el sofá sin hacer nada. Solo por ser tú y yo. Solo eso. Pero no quieres, nunca has querido eso. No quieres disfrutar de mi compañía o de mí, porque nunca me has querido realmente. Lo que quisiste siempre fue estar, y daba igual con quien. No era nada, nunca he sido nada para nadie, solo un escalón para algo más, lo que realmente querías.
  Encontrarás (si no lo tienes ya, pues no me hablas) a otro, y serás igual de feliz con él y le jurarás amor eterno, que es la persona de tu vida… y quizás también te desencantes y pases al siguiente. Por siempre jurando amor, nunca cumpliéndolo, siempre olvidando y desapareciendo. Porque no es amor: es complacencia, es comodidad, es costumbre, es un escalón para estar. Los seres humanos tenemos negado ese don. Somos prisioneros de una palabra que nos viene grande.
  Te deseo lo mejor, pero afróntalo: nunca me has querido. Solo era un escalón que ya has saltado por completo.

viernes, 26 de octubre de 2018

UNA HISTORIA SIN PIES, NI CABEZA, NI BRAZOS


1. Ya es mala pata

El protagonista de esta historia nació en el seno de una familia de categoría  “media-baja-media” (como un enano con escolta). La concepción transcurrió sin incidentes (la cigüeña introduce su semillita en la cavidad pélvica de la mujer, etcétera), pero durante el embarazo surgieron serias complicaciones relacionadas con la afición de su madre a la consumición de pelo de gato y con la afición a no vigilarla de su padre: tras inhalar un gato montés entero, y después de ver siete horas seguidas de películas sobre alienígenas, la mujer decidió que su hijo no debía nacer. Para acometer su plan, se sometió a diversos tratamientos abortivos a base de pastillas, ácidos y bates de baseball en el abdomen.
  Con todo el chico, que había decidido aferrarse a la vida como un chicle a una zapatilla, nació.
  En un principio, el nombre del muchacho fue escogido por su abuela paterna, la cual sentía aprehensión hacia la raza humana y se decantó por: “Truñildo”. Tras descubrir las intenciones de la provecta, los padres de la criatura la dieron caza, la encerraron en la residencia con mayor índice de D.D.D. (Desagradables Descuidos Deletéreos) de la zona y le cambiaron el nombre al muchacho por uno algo más adecuado: Jaime.
  –¡Maldigo a mi nieto! –gritó la anciana, mientras era encerrada–. Vaticino que, cumplidos los dieciséis, quedará tetrapléjico y comatoso. ¡Lo vaticino!
  –Y yo vaticino que no vamos a pagar el gasto extra de agua potable en tu residencia –respondió el padre de Jaime ante tal amenaza.
  Siete minutos después de entrar en la residencia, la mujer murió.

martes, 9 de octubre de 2018

Guerra y fin


-Te quiero
Te odio
No estamos bien
Te dejo
Vuelve
Te necesito
Te quiero
No estamos bien
No estamos bien
No me dejes
Te quiero
No me dejes
Te necesito
Vuelve
Vuelve
Vuelve...
Adiós
Te he olvidado.

-Yo solo quería paz.


viernes, 9 de marzo de 2018

Cuervos en las ramas



A la mañana repentina
abrí los ojos nebulosos.
Inundome las pupilas
un paisaje tenebroso.
Luz mortecina
que es jaula
de mis anhelos y mi vida.

Dos cuervos en las ramas
se ríen de mi desdicha
y también de mi desgana.
Me recuerdan con su parloteo
que soy culpable de mi tristeza,
que pendo de un aleteo
que si paro, me muero.

Como dedos invisibles,
como gusanos en mi pecho,
la presión se hace más fuerte
ante todo lo que he hecho.
Pero no hay dudas. No hay suerte.
No hay miedo. Solo presente.
El futuro ya no existe,
el ayer no importa nada,
solo luz de muerte, fina lluvia
y esos cuervos en las ramas.





viernes, 2 de marzo de 2018

Lo que queda por recorrer



Cielo sin luz,
una lluvia que no para,
un camino que se acaba
y luego,
barro.
Nada.

domingo, 9 de julio de 2017

Tormento



El viajero notó un temblor tan brusco que le derribó por completo. Fue un trueno, y como trueno nadie, nunca lo hubiera esperado. El día anterior había estado bien, pero en aquel momento se hallaba hundido en la miseria, en una tormenta que le acuchillaba desde las sombras, desde la nada. Porque sí, era una puñalada y, aunque no pudiera verlo, desangraba.
  Se hizo un ovillo al principio, notando como la lluvia, la luz y los elementos acosaban sus sentidos. Luego, decidió arrastrarse pesadamente hasta una cueva cercana, perdiendo parte de sus enseres durante el proceso, en donde permaneció quieto, sujetándose las piernas con los brazos.
  -Hemos terminado... lo siento, no eres lo que buscamos... fracasaste... no te quiero... -bramaban el viento, la furia y las centellas, el eco de lo que ya no era.
  El viajero se había quedado sin brújula, estaba rota y ya su aguja no señalaba su próximo destino. Por eso no había podido avanzar. Por eso había acabado a merced de la tormenta. Durante toda la larga noche, siguió escuchando aquel funesto aullido. Incluso cuando cayó dormido, la voz de la vorágine siguió torturándole en el mundo de los sueños, que ni siquiera era el suyo. 

Despertó el viajero, envuelto en frío y miedo. Por fortuna para él, resultó que la tormenta había cesado, y que un sol brillante y cálido se filtraba por la entrada de la gruta. Era otro día, uno en que podía ser otra cosa, podía ser lo que quisiera. 
  Salió de su escondite, aún tembloroso y con recelo, cuando un reflejo en el suelo le hizo un guiño cómplice. Tras agacharse a recogerlo, se dio cuenta de que era su antigua brújula, que debía habérsele caído del bolsillo durante su presurosa huida. Cuando la sostuvo en su mano derecha, notó el calor del interior y la negrura de su cara posterior. Parecía que le hubiera caído un rayo encima. Con cuidado, le dio la vuelta para contemplar su inane aguja. Sin embargo, tras mover el objeto de un lado a otro, terminó esbozando una sonrisa.
  Tras reunir los enseres que había conseguido mantener, el viajero se ajustó la mochila, con menos equipaje que antes, y emprendió de nuevo su camino, siguiendo la dirección que le marcaba la punta de su brújula, milagrosamente arreglada. 
  Porque las tormentas pasan, a veces dejando daños, pero siempre dando oportunidades a quienes sepan aprovecharlas. 



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