martes, 28 de enero de 2020

Otro día que quiero desaparecer

Me quiero ir de aquí.
Quiero salir.
Necesito estar solo,
desparecer
hundirme sin nadie alrededor.
Es el estanque el que ase
el pie del turista
de mares
de muerte
de sombras
sin gente.

No hay esperanza
no hay salida
para no ser responsable
para no ser dañado
quiero estar aislado.
Cabeza muerta
en cuerpo que se pudre,
anhelo vacío.
No queda sueño
que aguante envite
de la vida
cual caballero sin su corcel
cual torre de Babel.

Me quiero ir, oculto.
No hay esperanza,
no hay futuro para nadie.
No lo ven.
No lo quieren.
Me quiero desvanecer
solo, sin nadie.
Solo, sin gente.
Malos modos
dolor
falta de carácter.

Una olla a presión.
Una fiesta sin baile.
Una queja: no ser;
y un anhelo: desaparecer.

domingo, 7 de julio de 2019

El estanque de insectos quedos

A la sombra del nenúfar
en el lago que nace nuevo
entre la basura de aquellos
que no respetan
lo que es bello,
ni a sí mismos,
ni a nada,
ni al todo.

Manantial de borbotones:
trabajo, padre, carencia de aficiones
y futuro.
Agua sucia que no riega,
daña;
bichejos en el tronco de un helecho.
No le eches las culpas a tu progenitor,
no se las eches al infierno.
Es tuya.
Un niño reía por dentro, rió
antes de ser adulto
y de que se le comieran los insectos.

Si no aguanto, hasta aquí he llegado;
si sigo, es porque me he habituado.
Sin presión, sin agobio.
De mala raíz, mal árbol;
de agua mala, mal nenúfar;
de malas ideas, esto.
Un suspiro en el pecho,
una bala, una hormiga
en el cerebro.
Y después, silencio.
Por fin.



martes, 4 de junio de 2019

Miedo, ansiedad y futuro


Miedo. Ansiedad. Dolor en el pecho. Ausencia de aliento. Tristeza... todo por un mal día en el trabajo y por la incertidumbre del futuro, que subyace a todo lo demás. Soy débil, flojo, inane. Pinta negro, pinta muy mal. He conseguido algo, pero me será difícil mantenerme en pie cuando la ola llegue y lo arrase todo. Más que ola, huracán. Cuanto más necesito que mi familia sea un equipo, más se despedaza. O, quizás, empecé a preocuparme por el equipo cuando este se comenzó a separar...
  Miedo. Tristeza... son las dos emociones que más y mejor me definen. ¿He destronado hasta a mi sueño por mi temor al futuro? Quizás es lo único que no debería hacer. Pero... la opción inteligente es tener futuro para cumplir el sueño, ¿no? Pero... ¿cuándo? ¿Y si es lo que les pasa a todos? ¿Y si la gente, sencillamente, se olvida de lo que quería ser de niña? ¿Y si se rinden, solo para poder vivir hasta morir?
  Miedo. Ansiedad. Tristeza... el mundo adulto nos aplasta. ¿Quedarán ideales infantiles cuando se rompan todas las lanzas, cuando no quede nada de mí, cuando sea huesos entre las llamas, polvo en mitad de un viento cálido y huracanado?
  No debo ser cobarde, no ahora. Solo hay un futuro; solo hay un paso, y es el siguiente al anterior; solo hay un camino, el que transita hacia delante. Solo hay... solo queda... vida. Aunque pese admitirlo.

Solo existe una verdad. Solo hay un dogma. 
  Si paras, mueres.




jueves, 1 de noviembre de 2018

Escalón


-Decenas. Cientos de noches deseando estar juntos, sin necesidad de estar realmente, viendo una película o tirados en el sofá sin hacer nada. Solo por ser tú y yo. Solo eso. Pero no quieres, nunca has querido eso. No quieres disfrutar de mi compañía o de mí, porque nunca me has querido realmente. Lo que quisiste siempre fue estar, y daba igual con quien. No era nada, nunca he sido nada para nadie, solo un escalón para algo más, lo que realmente querías.
  Encontrarás (si no lo tienes ya, pues no me hablas) a otro, y serás igual de feliz con él y le jurarás amor eterno, que es la persona de tu vida… y quizás también te desencantes y pases al siguiente. Por siempre jurando amor, nunca cumpliéndolo, siempre olvidando y desapareciendo. Porque no es amor: es complacencia, es comodidad, es costumbre, es un escalón para estar. Los seres humanos tenemos negado ese don. Somos prisioneros de una palabra que nos viene grande.
  Te deseo lo mejor, pero afróntalo: nunca me has querido. Solo era un escalón que ya has saltado por completo.

viernes, 26 de octubre de 2018

UNA HISTORIA SIN PIES, NI CABEZA, NI BRAZOS


1. Ya es mala pata

El protagonista de esta historia nació en el seno de una familia de categoría  “media-baja-media” (como un enano con escolta). La concepción transcurrió sin incidentes (la cigüeña introduce su semillita en la cavidad pélvica de la mujer, etcétera), pero durante el embarazo surgieron serias complicaciones relacionadas con la afición de su madre a la consumición de pelo de gato y con la afición a no vigilarla de su padre: tras inhalar un gato montés entero, y después de ver siete horas seguidas de películas sobre alienígenas, la mujer decidió que su hijo no debía nacer. Para acometer su plan, se sometió a diversos tratamientos abortivos a base de pastillas, ácidos y bates de baseball en el abdomen.
  Con todo el chico, que había decidido aferrarse a la vida como un chicle a una zapatilla, nació.
  En un principio, el nombre del muchacho fue escogido por su abuela paterna, la cual sentía aprehensión hacia la raza humana y se decantó por: “Truñildo”. Tras descubrir las intenciones de la provecta, los padres de la criatura la dieron caza, la encerraron en la residencia con mayor índice de D.D.D. (Desagradables Descuidos Deletéreos) de la zona y le cambiaron el nombre al muchacho por uno algo más adecuado: Jaime.
  –¡Maldigo a mi nieto! –gritó la anciana, mientras era encerrada–. Vaticino que, cumplidos los dieciséis, quedará tetrapléjico y comatoso. ¡Lo vaticino!
  –Y yo vaticino que no vamos a pagar el gasto extra de agua potable en tu residencia –respondió el padre de Jaime ante tal amenaza.
  Siete minutos después de entrar en la residencia, la mujer murió.

martes, 9 de octubre de 2018

Guerra y fin


-Te quiero
Te odio
No estamos bien
Te dejo
Vuelve
Te necesito
Te quiero
No estamos bien
No estamos bien
No me dejes
Te quiero
No me dejes
Te necesito
Vuelve
Vuelve
Vuelve...
Adiós
Te he olvidado.

-Yo solo quería paz.


viernes, 9 de marzo de 2018

Cuervos en las ramas



A la mañana repentina
abrí los ojos nebulosos.
Inundome las pupilas
un paisaje tenebroso.
Luz mortecina
que es jaula
de mis anhelos y mi vida.

Dos cuervos en las ramas
se ríen de mi desdicha
y también de mi desgana.
Me recuerdan con su parloteo
que soy culpable de mi tristeza,
que pendo de un aleteo
que si paro, me muero.

Como dedos invisibles,
como gusanos en mi pecho,
la presión se hace más fuerte
ante todo lo que he hecho.
Pero no hay dudas. No hay suerte.
No hay miedo. Solo presente.
El futuro ya no existe,
el ayer no importa nada,
solo luz de muerte, fina lluvia
y esos cuervos en las ramas.