lunes, 30 de marzo de 2020

A UN CIELO DE DISTANCIA


Aquí me hallo, contemplando el eterno azul que se extiende en todas direcciones, igual que hiciera tantas veces antes junto a ti. Que no pueda ser igual en este momento es una condena ante la que no me queda más remedio que rendirme. Porque estás, pero al otro lado del cielo.

  Fuimos felices y tristes pero, juntos, invencibles siempre. Elsa… recuerdo tu nombre cabalgando sobre el viento, con esa entonación que yo le daba y que siempre te hacía sonreír. La pena me golpea de nuevo, una vez más esa sensación desagradable de vacío en mi pecho. Me pregunto si dejaré de sentirla algún día.
  Aun recuerdo la primera vez que te vi, cómo el sol bañaba tu piel. Acababa de conocerte, pero ya te conocía de toda la vida. ¡Qué cosas! ¿Verdad? Nunca creí en esas dulcificaciones de la realidad. Nunca las vi como algo distinto a consejas de hadas. Nunca las entendí del todo hasta ahora. Hasta que ha sido demasiado tarde.
  Con el tiempo, llegué a amarlo todo de ti. Tu melena castaña, tus ojos de bronce, tu piel, tus uñas, tu olor… y también tus imperfecciones. Lunares, espinillas, los rollitos que te salían en la tripa cuando te sentabas y ese silbido que se escapaba de tus labios cuando te reías. Todo. Superada la barrera de lo que la sociedad nos susurra constantemente, la venda de mis ojos se había desprendido y donde antes había trabas, solo vi el sello y la marca del amor.
  Elsa. Tu mero nombre es ya presencia. Recuerdo con imborrable paladar luctuoso la última vez, ese fatídico día en el coche. Si hubiese sabido lo que se cernía sobre nosotros… si hubiese podido esquivar aquel vehículo… ahora todo sería distinto. Ahora mismo no estaría contemplando ese cielo enorme solo, lejos de ti, tan lejos...
  No supe entender el funeral. Estaba obnubilado por mis propios sentimientos, emociones encontradas. Miedo, dolor y… ¿alivio? A mi alrededor solo había rostros tan pesarosos como distantes, caretas de personas que conocía y a las que también quería, pero que sin embargo en aquel momento no significaban nada, apenas sí estaban. Eran impostores de mis padres, nuestros amigos, tu familia… no había reproches ni rencores, pero tampoco consuelo, solo tú en mis ojos y en mi mente. Y no me dolía nada, pero me dolía al verte. Ceremonia breve, como siempre dijimos que sería. Palabras que no me dijeron ninguna cosa de un hombre que no significaba nada para mí, sonidos juntos casi al azar que ni siquiera rozaron mi cerebro, muchas lágrimas escociendo en mi piel, humo, tierra, polvo que regresa y ya nada más.
  Lo que pesa no es la muerte, entiendo. Lo que de verdad aflige es la consecuencia para el destino, el fantasma de aquellas cosas que siempre quisimos hacer juntos y que ahora ya no sucederán. Éramos jóvenes, no hubo tiempo de tener hijos. Dos querías, ambas niñas, para que la una hiciera compañía a la otra, para que fueran un equipo. Los viajes de nuestros sueños que nunca hicimos: la India, Chile o la Gran Manzana. Pero, por todos los vuelos que nunca pudimos alcanzar, todas las vidas que no tuvimos tiempo de crear y todas las hazañas que nos faltaron por conquistar… aún existe esa posibilidad.
  Ahora que se acabó el tiempo, lo entiendo. Yo me he de marchar. Tan solo pido y rezo para que tú sí que cumplas tus sueños. Que viajes, que paladees, que siga tu vida. Que llegues a ser la escritora que siempre quisiste, con ese talento que me desbordaba cada vez que me deleitabas con una de tus historias. Que tengas amigos, que conozcas a gente que te abrace y apoye cuando lo necesites. Y sí, que encuentres a alguien que pueda hacerte feliz cuando yo te falte, que vuelvas a enamorarte. Que seas madre, que tengas a tu equipo. Pido que sigas adelante por los dos, que tus pies te lleven a donde siempre quisimos llegar.
  Yo, por mi parte, te vigilaré desde el cielo, desde cada amanecer y cada atardecer, desde el silencio. Estaré en los malos momentos transmitiéndote lo que pueda para animarte, y en los buenos para disfrutar contigo y ver con orgullo lo fuerte y valiente que estarás siendo por los dos. Porque no hay evento, ni sombra, ni muerte que pueda borrar jamás que siempre te he querido y que siempre te querré.
  Mi alma: sé, ríe y vive por los dos. Es lo único que pido.



martes, 28 de enero de 2020

Otro día que quiero desaparecer

Me quiero ir de aquí.
Quiero salir.
Necesito estar solo,
desparecer
hundirme sin nadie alrededor.
Es el estanque el que ase
el pie del turista
de mares
de muerte
de sombras
sin gente.

No hay esperanza
no hay salida
para no ser responsable
para no ser dañado
quiero estar aislado.
Cabeza muerta
en cuerpo que se pudre,
anhelo vacío.
No queda sueño
que aguante envite
de la vida
cual caballero sin su corcel
cual torre de Babel.

Me quiero ir, oculto.
No hay esperanza,
no hay futuro para nadie.
No lo ven.
No lo quieren.
Me quiero desvanecer
solo, sin nadie.
Solo, sin gente.
Malos modos
dolor
falta de carácter.

Una olla a presión.
Una fiesta sin baile.
Una queja: no ser;
y un anhelo: desaparecer.

domingo, 7 de julio de 2019

El estanque de insectos quedos

A la sombra del nenúfar
en el lago que nace nuevo
entre la basura de aquellos
que no respetan
lo que es bello,
ni a sí mismos,
ni a nada,
ni al todo.

Manantial de borbotones:
trabajo, padre, carencia de aficiones
y futuro.
Agua sucia que no riega,
daña;
bichejos en el tronco de un helecho.
No le eches las culpas a tu progenitor,
no se las eches al infierno.
Es tuya.
Un niño reía por dentro, rió
antes de ser adulto
y de que se le comieran los insectos.

Si no aguanto, hasta aquí he llegado;
si sigo, es porque me he habituado.
Sin presión, sin agobio.
De mala raíz, mal árbol;
de agua mala, mal nenúfar;
de malas ideas, esto.
Un suspiro en el pecho,
una bala, una hormiga
en el cerebro.
Y después, silencio.
Por fin.



martes, 4 de junio de 2019

Miedo, ansiedad y futuro


Miedo. Ansiedad. Dolor en el pecho. Ausencia de aliento. Tristeza... todo por un mal día en el trabajo y por la incertidumbre del futuro, que subyace a todo lo demás. Soy débil, flojo, inane. Pinta negro, pinta muy mal. He conseguido algo, pero me será difícil mantenerme en pie cuando la ola llegue y lo arrase todo. Más que ola, huracán. Cuanto más necesito que mi familia sea un equipo, más se despedaza. O, quizás, empecé a preocuparme por el equipo cuando este se comenzó a separar...
  Miedo. Tristeza... son las dos emociones que más y mejor me definen. ¿He destronado hasta a mi sueño por mi temor al futuro? Quizás es lo único que no debería hacer. Pero... la opción inteligente es tener futuro para cumplir el sueño, ¿no? Pero... ¿cuándo? ¿Y si es lo que les pasa a todos? ¿Y si la gente, sencillamente, se olvida de lo que quería ser de niña? ¿Y si se rinden, solo para poder vivir hasta morir?
  Miedo. Ansiedad. Tristeza... el mundo adulto nos aplasta. ¿Quedarán ideales infantiles cuando se rompan todas las lanzas, cuando no quede nada de mí, cuando sea huesos entre las llamas, polvo en mitad de un viento cálido y huracanado?
  No debo ser cobarde, no ahora. Solo hay un futuro; solo hay un paso, y es el siguiente al anterior; solo hay un camino, el que transita hacia delante. Solo hay... solo queda... vida. Aunque pese admitirlo.

Solo existe una verdad. Solo hay un dogma. 
  Si paras, mueres.




jueves, 1 de noviembre de 2018

Escalón


-Decenas. Cientos de noches deseando estar juntos, sin necesidad de estar realmente, viendo una película o tirados en el sofá sin hacer nada. Solo por ser tú y yo. Solo eso. Pero no quieres, nunca has querido eso. No quieres disfrutar de mi compañía o de mí, porque nunca me has querido realmente. Lo que quisiste siempre fue estar, y daba igual con quien. No era nada, nunca he sido nada para nadie, solo un escalón para algo más, lo que realmente querías.
  Encontrarás (si no lo tienes ya, pues no me hablas) a otro, y serás igual de feliz con él y le jurarás amor eterno, que es la persona de tu vida… y quizás también te desencantes y pases al siguiente. Por siempre jurando amor, nunca cumpliéndolo, siempre olvidando y desapareciendo. Porque no es amor: es complacencia, es comodidad, es costumbre, es un escalón para estar. Los seres humanos tenemos negado ese don. Somos prisioneros de una palabra que nos viene grande.
  Te deseo lo mejor, pero afróntalo: nunca me has querido. Solo era un escalón que ya has saltado por completo.

viernes, 26 de octubre de 2018

UNA HISTORIA SIN PIES, NI CABEZA, NI BRAZOS


1. Ya es mala pata

El protagonista de esta historia nació en el seno de una familia de categoría  “media-baja-media” (como un enano con escolta). La concepción transcurrió sin incidentes (la cigüeña introduce su semillita en la cavidad pélvica de la mujer, etcétera), pero durante el embarazo surgieron serias complicaciones relacionadas con la afición de su madre a la consumición de pelo de gato y con la afición a no vigilarla de su padre: tras inhalar un gato montés entero, y después de ver siete horas seguidas de películas sobre alienígenas, la mujer decidió que su hijo no debía nacer. Para acometer su plan, se sometió a diversos tratamientos abortivos a base de pastillas, ácidos y bates de baseball en el abdomen.
  Con todo el chico, que había decidido aferrarse a la vida como un chicle a una zapatilla, nació.
  En un principio, el nombre del muchacho fue escogido por su abuela paterna, la cual sentía aprehensión hacia la raza humana y se decantó por: “Truñildo”. Tras descubrir las intenciones de la provecta, los padres de la criatura la dieron caza, la encerraron en la residencia con mayor índice de D.D.D. (Desagradables Descuidos Deletéreos) de la zona y le cambiaron el nombre al muchacho por uno algo más adecuado: Jaime.
  –¡Maldigo a mi nieto! –gritó la anciana, mientras era encerrada–. Vaticino que, cumplidos los dieciséis, quedará tetrapléjico y comatoso. ¡Lo vaticino!
  –Y yo vaticino que no vamos a pagar el gasto extra de agua potable en tu residencia –respondió el padre de Jaime ante tal amenaza.
  Siete minutos después de entrar en la residencia, la mujer murió.

martes, 9 de octubre de 2018

Guerra y fin


-Te quiero
Te odio
No estamos bien
Te dejo
Vuelve
Te necesito
Te quiero
No estamos bien
No estamos bien
No me dejes
Te quiero
No me dejes
Te necesito
Vuelve
Vuelve
Vuelve...
Adiós
Te he olvidado.

-Yo solo quería paz.